El rejoneo

 

Historia del Rejoneo

Es a principios del siglo XX cuando el rejoneo comienza a surgir poco a poco, como parte complementaria y curiosa de las corridas de toros. Van apareciendo rejoneadores y los caballos se preparan con domas espectaculares que atraen cada vez más al gran público.

Según se van desarrollando eventos de rejoneo, y con los incidentes que tienen lugar en algunas ocasiones, va quedando más patente que se trata de un ejercicio de alto riesgo, lo que contribuye a ganar el respeto de la afición que cada vez valora más este arte ecuestre.

En la actualidad el rejoneo se ha hecho muy importante. El público va a ver torear a caballo, no como un complemento a una corrida tradicional, sino porque es precioso ver el toreo a caballo.
Y es que en los espectáculos de rejoneo, los toros fallan menos o nada, y no se caen. Los caballos siempre acaban dominando a los toros bravos y aunque manseen les hacen faenas estupendas que consiguen entusiasmar al público.

El toreo a caballo es una disciplina muy difícil y complicada, que requiere un gran esfuerzo y trabajo diario si se desea conseguir destacar como figura. Y en concreto, el rejoneo es clavar a un toro bravo en movimiento, un rejón, aprovechando el cruce con el caballo, burlando la embestida, que habrá que llevar dominada y dejarlo en el morrillo.
La base de esta forma de torear es el caballo, que con su fuerza y agilidad puede conseguir esquivar las acometidas del toro, de una forma eficaz y artística.

Pero hay que conseguir, que lo que se haga sea de una exactitud rigurosa. Exite un ‘Gráfico del Encuentro’, que describe de forma analítica la multitud de factores geométricos que intervienen en cada ejecución. Pero además,  pueden intervenir circunstancias fortuitas que no se pueden analizar en un gráfico, y para las que la precisión de los movimientos, y la comunicación del rejoneador con su caballo, es fundamental.

Se trata de animales en movimiento, cuya actitud en cualquier momento puede ser influida por su entorno de manera imprevisible. El rejoneador debe dominar a su caballo de manera casi absoluta, y si se comete un fallo, será del caballista.

Cómo se consigue

Los caballos de rejoneo son los instrumentos que delante del toro harán la función del engaño. Para conseguirlo tienen que estar absolutamente sometidos a las órdenes de su caballista y obedecerlas de forma súbita, inmediata y siempre. Esto solo se consigue a base de un entrenamiento insistente y continuado, constante.

El rejoneador le dice al caballo lo que tiene que hacer, prácticamente, con un gesto. Y llegar a esto, sólo es posible con el tiempo y la repetición permanente. El caballo es un animal grande, fuerte, herbívoro, naturalmente constituido para correr, que es su forma de defenderse. Para huir por derecho, con su velocidad, no esquivando una acometida o utilizando su movilidad como arma defensiva.
El caballo es eminentemente cobarde y lo hace todo por miedo; por eso, conseguir que el caballo toree, resulta mucho más notable y meritorio.

Desde fuera el público no tiene que conocer todo esto, sólo debe contemplar un espectáculo hermoso.

El caballista debe conseguir someter a su caballo, y el caballo debe tener una confianza total en el que lo monta. Es decir, el caballo hace lo que piensa su caballista y no lo hace por miedo en ese momento, lo hace por convencimiento, de forma que el caballo se enfrenta a una situación, siguiendo las órdenes del caballista, que se las comunica con gestos sutiles, con lo que se llama ‘ayudas’ y que el caballo ‘entiende’ y obedece ciegamente, porque, además, el caballo siente a través de sus instintos que es lo que le conviene… Si al caballo se le deja suelto en una plaza con un toro, no sabría qué hacer.

 

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